... Y, no sé que te puedo decir, el Pepe Miguez era un tipo común y corriente. No tenía nada que lo hiciera demasiado especial, por lo menos frente a la mayoría de la gente. Yo lo conocía bien, digamos que llegamos a ser amigos. No de esos amigos de toda la vida, por que lo conocí de grande, pero era ese tipo de personas con las que, simplemente, te sentís cómodo.
La cuestión es que nos conocimos por amistades en común que desembocaron en la formación de un equipito de fútbol ocho que jugaba entre semanas en un torneo organizado por el dueño de un predio de canchas.
La cuestión es que nos conocimos por amistades en común que desembocaron en la formación de un equipito de fútbol ocho que jugaba entre semanas en un torneo organizado por el dueño de un predio de canchas.
El Pepe no era un jugador deslumbrante, era más bien, como en la vida, uno más del montón, y no es que yo sea un fenómeno.
Pero el Pepe, en realidad, tenía una característica que lo distinguía del resto, y que muy pocos de su círculo íntimo conocíamos. El Pepe tenía una especie de poder adivinatorio para el fútbol. No es que fuera un Nostradamus, pero tenía algún tipo de premonición, aunque con características un poco extrañas.
El Pepe Miguez podía soñar las cosas como no iban a pasar. Es decir, el Pepe soñaba con situaciones que después pasaban, pero de otra forma. No sé si me explico, pero era algo raro. El Pepe venía y te decía, “Che, anoche soñé que en el partido de hoy, al minuto 20, Fito agarraba la bocha y le metía un despeje que pasaba la mitad de la cancha, y vos estabas parado al costado derecho, viste y ahí la agarrabas vos, te gambeteabas a uno y le metías flor de zapallazo al arco que la clavabas en el ángulo.” Y a la noche el Fito rechazaba, yo la agarraba y le metía flor de zapallazo que terminaba pasando como a diez metros del arco. Todas cosas así, pero lo que pasa es que el Pepe te la contaba con detalles. Yo ahora no me acuerdo, pero venía y te decía en qué minuto, adonde estabas parado vos, adonde los otros, todo te contaba, pero te la contaba como que fuera a pasar algo bueno, y al final eso nunca ocurría, siempre cambiaba algún detalle. Era como... como si el sueño le mostrara la situación ideal... y bueno, la realidad terminaba siendo una cagada.
El tema es que, al principio, me resultó chistoso, y siempre le preguntaba al Pepe qué había soñado, pero después, con el paso del tiempo ya como que me aburría, porque ya sabía, por contraposición al sueño del Pepe, cuando alguien iba a morfarse un gol hecho, o cuando una jugada que pintaba bien iba a terminar en algo intrascendente, así que después dejé de preguntarle por sus adivinaciones pifiadas... como que le quitaban la gracia a los partidos.
Con el tiempo, hundidos en la rutina de la amistad, ese detalle del Pepe quedó olvidado.
Pero resulta que por esas casualidades de la vida, el torneo pasado hicimos un campañón. La verdad es que los mejores equipos (los que siempre nos dejaban bailando), se habían retirado, así que el torneo menguó un poco su calidad, y nosotros nos encontramos de repente, no te digo entre los más buenos por que sería mucho, sino entre los menos malos y con posibilidades de salir campeones.
Y así fue que llegamos al último partido. Como era por sumatoria de puntos no había una final, pero nosotros necesitábamos ganar si o si para asegurarnos el campeonato. Nos toca justo con uno de los colistas, así que, en los papeles, el trámite tenía que ser sencillo... por supuesto que no lo fue... nos la arreglamos para hacer veinte mil macanas y jugamos un partido horrible, seguro apurados por los nervios propios de gente que nunca antes había estado tan cerca de la gloria deportiva (pequeña gloria, pero gloria al fin).
La cuestión es que debían faltar como veinte segundos para terminar el partido y las cosas estaban uno a uno. Nosotros estábamos todos en el campo de ellos, con la desesperación propia del que sabe que si no aprovecha ahora va a ser nunca jamás. Corríamos como desesperados, todos atrás de la pelota, casi ni sabíamos para donde llevarla. Y el otro equipo, sabiendo que nos cagaba la ilusión parecía encontrarse dispuesto a ejercer esa posibilidad de ser dañino, de no tener compasión. Así que todos metidos en el fondo.
En eso sale la arisca bocha para un costado, el Beto la alcanza a dominar y la tira larga por la línea lateral, corre a buscarla y llega antes que el defensor, sin pensarlo dos veces tira un centro bombeado al área de ellos. La pelota salió un poco alta y con comba para afuera. Pasó las primeras cabezas de defensores y atacantes y parecía dirigirse fatalmente hacia el otro lateral. Ya casi salía del área... y en eso aparece el Pepe. Estaba paradito justo en el vértice exterior del área, la pelota ya lo pasaba, no había forma de que llegase a agarrarla... pero el Pepe se dio como una media vuelta, poniéndose de espaldas al arco contrario, pegó un salto del que nadie lo creía capaz... parecía como si tuviera la plasticidad de uno de esos rusos que dan vueltas y vueltas carnero, y eso que el Pepe debe pesar como 90 kilos... la vista clavada en la bocha, todos tuvimos la sensación de que el mundo dejó de girar, parecía mágico... y así, el Pepe se extendió completamente y haciendo una pirueta propia del Diego o, por lo menos, del Enzo, agarró la pelota de chilena y mientras terminaba de caer alcanzó a ver como se clavaba en el ángulo contrario, ante la volada inútil del arquero, la mirada atónita de los defensores y la angustia en la cara de sus compañeros, que parecíamos pedir por favor que eso que estábamos viviendo fuera de verdad.
Nadie reaccionaba todavía, cuando el árbitro hizo sonar el silbato... ni siquiera dejó que los otros sacaran del medio...
Ni te cuento la locura que fue eso... yo automáticamente me largué a llorar... para un completo miembro de la gilada como yo, salir campeón de ese torneo de cuarta era el sumum de la felicidad...
Todos corrieron a abrazar al Pepe, era un héroe, era el más grande entre los grandes... cuando pude sacar a los empujones al resto del equipo y llegué a abrazarlo, todavía con lágrimas en los ojos, lo veo al Pepe. Estaba pálido... con cara inexpresiva... yo creí que estaba shockeado por que todavía no podía creer lo que estaba viviendo... Le pegué un abrazo que casi le saco los pulmones... mirá, te juro que le hubiera dado un beso en la boca de la alegría que tenía... pero el Pepe me corrió, me miró a los ojos y me dijo: “¡Boludo, esto es lo que soñé!”, “¿Qué?... ¿de qué me hablás mamerto? ¡¡¡SOMOS CAMPEONES!!” le contesté... pero el Pepe no reaccionaba... “Así lo soñé y así pasó... salió perfecto... como lo soñé...” me dijo, pero no con alegría... su cara era indescriptible, rara... yo me quedé medio descolocado, no entendía qué me quería explicar... y ahí volvieron todos los demás y lo levantaron al Pepe y lo llevaron en andas... y no era para menos... desde las alturas el Pepe me miraba como pidiendo auxilio... Y la cuestión es que al final el Pepe no alcanzó ni a llegar a los vestuarios, se quedó seco ahí nomás, al costado de la cancha... un ataque cardíaco...
Después entendí... la cara del Pepe era de miedo... el se dio cuenta que algo andaba mal, no podía ser todo tan perfecto... no podía estar pasando lo que había soñado...Desde ese día nunca más volví a jugar al fútbol... la verdad, desde ese día intento que las cosas nunca me salgan demasiado bien... ahí me di cuenta que las cosas perfectas no son para los giles como nosotros.
Pero el Pepe, en realidad, tenía una característica que lo distinguía del resto, y que muy pocos de su círculo íntimo conocíamos. El Pepe tenía una especie de poder adivinatorio para el fútbol. No es que fuera un Nostradamus, pero tenía algún tipo de premonición, aunque con características un poco extrañas.
El Pepe Miguez podía soñar las cosas como no iban a pasar. Es decir, el Pepe soñaba con situaciones que después pasaban, pero de otra forma. No sé si me explico, pero era algo raro. El Pepe venía y te decía, “Che, anoche soñé que en el partido de hoy, al minuto 20, Fito agarraba la bocha y le metía un despeje que pasaba la mitad de la cancha, y vos estabas parado al costado derecho, viste y ahí la agarrabas vos, te gambeteabas a uno y le metías flor de zapallazo al arco que la clavabas en el ángulo.” Y a la noche el Fito rechazaba, yo la agarraba y le metía flor de zapallazo que terminaba pasando como a diez metros del arco. Todas cosas así, pero lo que pasa es que el Pepe te la contaba con detalles. Yo ahora no me acuerdo, pero venía y te decía en qué minuto, adonde estabas parado vos, adonde los otros, todo te contaba, pero te la contaba como que fuera a pasar algo bueno, y al final eso nunca ocurría, siempre cambiaba algún detalle. Era como... como si el sueño le mostrara la situación ideal... y bueno, la realidad terminaba siendo una cagada.
El tema es que, al principio, me resultó chistoso, y siempre le preguntaba al Pepe qué había soñado, pero después, con el paso del tiempo ya como que me aburría, porque ya sabía, por contraposición al sueño del Pepe, cuando alguien iba a morfarse un gol hecho, o cuando una jugada que pintaba bien iba a terminar en algo intrascendente, así que después dejé de preguntarle por sus adivinaciones pifiadas... como que le quitaban la gracia a los partidos.
Con el tiempo, hundidos en la rutina de la amistad, ese detalle del Pepe quedó olvidado.
Pero resulta que por esas casualidades de la vida, el torneo pasado hicimos un campañón. La verdad es que los mejores equipos (los que siempre nos dejaban bailando), se habían retirado, así que el torneo menguó un poco su calidad, y nosotros nos encontramos de repente, no te digo entre los más buenos por que sería mucho, sino entre los menos malos y con posibilidades de salir campeones.
Y así fue que llegamos al último partido. Como era por sumatoria de puntos no había una final, pero nosotros necesitábamos ganar si o si para asegurarnos el campeonato. Nos toca justo con uno de los colistas, así que, en los papeles, el trámite tenía que ser sencillo... por supuesto que no lo fue... nos la arreglamos para hacer veinte mil macanas y jugamos un partido horrible, seguro apurados por los nervios propios de gente que nunca antes había estado tan cerca de la gloria deportiva (pequeña gloria, pero gloria al fin).
La cuestión es que debían faltar como veinte segundos para terminar el partido y las cosas estaban uno a uno. Nosotros estábamos todos en el campo de ellos, con la desesperación propia del que sabe que si no aprovecha ahora va a ser nunca jamás. Corríamos como desesperados, todos atrás de la pelota, casi ni sabíamos para donde llevarla. Y el otro equipo, sabiendo que nos cagaba la ilusión parecía encontrarse dispuesto a ejercer esa posibilidad de ser dañino, de no tener compasión. Así que todos metidos en el fondo.
En eso sale la arisca bocha para un costado, el Beto la alcanza a dominar y la tira larga por la línea lateral, corre a buscarla y llega antes que el defensor, sin pensarlo dos veces tira un centro bombeado al área de ellos. La pelota salió un poco alta y con comba para afuera. Pasó las primeras cabezas de defensores y atacantes y parecía dirigirse fatalmente hacia el otro lateral. Ya casi salía del área... y en eso aparece el Pepe. Estaba paradito justo en el vértice exterior del área, la pelota ya lo pasaba, no había forma de que llegase a agarrarla... pero el Pepe se dio como una media vuelta, poniéndose de espaldas al arco contrario, pegó un salto del que nadie lo creía capaz... parecía como si tuviera la plasticidad de uno de esos rusos que dan vueltas y vueltas carnero, y eso que el Pepe debe pesar como 90 kilos... la vista clavada en la bocha, todos tuvimos la sensación de que el mundo dejó de girar, parecía mágico... y así, el Pepe se extendió completamente y haciendo una pirueta propia del Diego o, por lo menos, del Enzo, agarró la pelota de chilena y mientras terminaba de caer alcanzó a ver como se clavaba en el ángulo contrario, ante la volada inútil del arquero, la mirada atónita de los defensores y la angustia en la cara de sus compañeros, que parecíamos pedir por favor que eso que estábamos viviendo fuera de verdad.
Nadie reaccionaba todavía, cuando el árbitro hizo sonar el silbato... ni siquiera dejó que los otros sacaran del medio...
Ni te cuento la locura que fue eso... yo automáticamente me largué a llorar... para un completo miembro de la gilada como yo, salir campeón de ese torneo de cuarta era el sumum de la felicidad...
Todos corrieron a abrazar al Pepe, era un héroe, era el más grande entre los grandes... cuando pude sacar a los empujones al resto del equipo y llegué a abrazarlo, todavía con lágrimas en los ojos, lo veo al Pepe. Estaba pálido... con cara inexpresiva... yo creí que estaba shockeado por que todavía no podía creer lo que estaba viviendo... Le pegué un abrazo que casi le saco los pulmones... mirá, te juro que le hubiera dado un beso en la boca de la alegría que tenía... pero el Pepe me corrió, me miró a los ojos y me dijo: “¡Boludo, esto es lo que soñé!”, “¿Qué?... ¿de qué me hablás mamerto? ¡¡¡SOMOS CAMPEONES!!” le contesté... pero el Pepe no reaccionaba... “Así lo soñé y así pasó... salió perfecto... como lo soñé...” me dijo, pero no con alegría... su cara era indescriptible, rara... yo me quedé medio descolocado, no entendía qué me quería explicar... y ahí volvieron todos los demás y lo levantaron al Pepe y lo llevaron en andas... y no era para menos... desde las alturas el Pepe me miraba como pidiendo auxilio... Y la cuestión es que al final el Pepe no alcanzó ni a llegar a los vestuarios, se quedó seco ahí nomás, al costado de la cancha... un ataque cardíaco...
Después entendí... la cara del Pepe era de miedo... el se dio cuenta que algo andaba mal, no podía ser todo tan perfecto... no podía estar pasando lo que había soñado...Desde ese día nunca más volví a jugar al fútbol... la verdad, desde ese día intento que las cosas nunca me salgan demasiado bien... ahí me di cuenta que las cosas perfectas no son para los giles como nosotros.

3 comentarios:
Ta terrible, ta.
No hay que negar que uno queda asi como mirando la pagina con los ojos tipo 2 de oro(sorprendido) cuando lee el fatal desenlace de la historia.
Seguido a esto te viene asi como un dolor de pecho mezcla de angustia y desesperaciòn que dos horas despues de haber leido el cuento todavia no se me pasa.
extraordinaria historia
Che, Guille, muy bueno tu comentario... pero mi señora resumió lo que vos tan bien escribiste con un: "¡CÓMO LO VAS A MATAR AL PEPE!" - JE
con que te estas dando, en cualquier momento te llaman de Disney para que realices una historia que compite con BAMBIE O EL REY LEON, para ver que film acumula mas infantes llorones, un besos a todos en el izq.
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