Una nueva semana un nuevo cuento... 
La redacción de OroyBarro© deja expresamente sentado que el presente es un relato de ficción, cualquier semejanza de sus personajes con la realidad es mera coincidencia.
El chabón era malo, no... era muy malo jugando al fútbol. Imagínese un flaco alto, zancudo, desgarbado, sin forma de nada, parecía que tenía el pecho hundido entre hombros demasiado anchos, la cintura era una recta entre el torso y las piernas... y las piernas, bueno, dos escarbadientes largos que parecían a punto de quebrarse en cualquier momento, para colmo, el vago se había tatuado ambas piernas de una manera muy ridícula, no por los tatuajes, sino por el contexto, y encima de todo Colorado.
Era, en síntesis, lo más antiestético que vi en mi vida. Parecía un personaje de caricatura.
Pero a pesar de todo eso, el chabón ERA TITULAR. Se podrá pensar en algún arreglo con el DT, o que era una persona muy querida por el grupo, que se yo, se podrán pensar veinte mil cosas, pero no, la realidad era una sola... El Chabón tenía culo... Un Culo grande como una casa, cada vez que entraba mojaba, era increíble.
Y yo, que, sin falsa modestia, siempre fui muy habilidoso, me tenía que comer el banco por que ese hijo de puta tenía más suerte que la mierda. Y bueno, me la tenía que comer, yo jugaba de nueve y era bueno, pero el jugaba de nueve y tenía suerte... que le puedo decir, no le digo que lo envidiaba, por que era un mamarracho, lo que sentía por él era otra cosa, era... ODIO, eso... era ODIO, lo odiaba profundamente, por que me tenía que conformar con entrar cinco minutos, por que sabía que era mejor que él, por que no podía decir ni A, por que el chabón siempre la mandaba a guardar... realmente lo odiaba al payaso ese.
Dos torneos me comí así, dos torneos de mierda. Tenía que ver como iban todos a abrazarlo, lo trataban como un héroe, y era un perro, un terrible perro jugando.
Todos los entrenamientos yo la descosía, la dejaba chiquita a la pelota, el otro mamerto no podía hacer ni dos pasos seguidos sin tropezarse y yo la amasaba para todos lados, dejaba a todo el mundo clavado... pero el domingo era suplente... y el otro guacho metía goles siempre...¡Y no sabía ni patear una bocha! ¿Me entiende? Para mí era terrible, no podía decir nada...
Dos Torneos me comí así... hasta que me cansé, ya no aguantaba más, no soportaba ni siquiera verlo... me causaba asco... le juro que soñaba con el vago, se me aparecía en los sueños con esa cara flaca, los pelos colorados aplastados por la grasa, las orejas que parecían de otra cabeza... loco me iba a volver, loco.
Así que agarré, pedí el pase y me fui a otro equipo... no podía estar al lado de ese esperpento ni un segundo más...
Me fui al Club Atlético Pacífico, no tenían un gran equipo, pero tampoco eran de los peores... ahí si, claro, sin un ojetudo en frente, me adueñé definitivamente del centro de la delantera, y claro, si yo era bueno jugando...
Y largó el campeonato, empezamos bien, sacamos buenos puntos, a mí al principio me costó un poco adapatarme o, mejor dicho, terminar de entenderme con los otros pibes, bueno, siempre pasa... pero la historia es que no había podido hacer muchos goles... yo tenía un hambre de gol que no te lo podés creer, necesitaba demostrarle a mis ex compañeros que el pedazo de culón que tenían ellos era nada al lado mío... necesitaba demostrarme a mí mismo que era mejor que él. Para que se entienda, no me importaba salir campeón, no me importaba si salíamos últimos y nos íbamos al descenso, lo único que quería era meter más goles que el otro...
La cuestión es que agarré y empecé a llevar toda una tabla particular, compré una pizarra y dibujé un fixture de los dos equipos, así iba marcando los goles que hacía él y los goles que hacía yo. Todos los lunes me compraba el Diario Río Negro y me iba derecho a los deportes regionales, sólo me importaba el resumen del partido de ellos. Todos los lunes la misma cara de amargura al leer que el muy suertudo metía goles, ¡que lo parió!... mire, me tendría que haber filmado, me imagino que se me debía deformar la jeta cuando aparecía su nombre entre los que convertían goles... me quería matar, y ni le cuento los fines de semana en que yo no la embocaba... en esas oportunidades la noche del domingo al lunes ni siquiera dormía, me iba a las cuatro de la mañana a comprar el diario... era una obsesión.
En la fecha 13 nos cruzábamos con ellos, era un poquito más de la mitad del campeonato, y yo miraba mi tabla de goleadores y para la fecha anterior el muy muerto ya me había sacado cuatro goles de diferencia, me quería matar, contaba y recontaba los goles marcados, revisaba diez veces por día los recortes de cada fecha, para confirmar la cantidad de anotaciones de cada uno, me quería matar...
Y ahí se me ocurrió, claro, era un acto de desesperación, pero si perdía contra ese espantapájaros no iba a poder tener tranquilidad por el resto de mi vida... yo sé que parece muy exagerado lo que le digo, pero era lo que sentía... y bueno, listo, se me ocurrió la idea y ya me mandé como un caballo...
Era mi única oportunidad, el domingo, cuando jugáramos contra ellos, tenía que buscar la ocasión y dejarlo afuera del torneo... era una bajeza, pero yo no podía aguantarme la derrota... era un acto de desesperación. Tenía que pensarla bien, no quería cagarlo mucho, necesitaba dos o tres semanas de ventaja, nada más... yo me justificaba diciéndome que era injusto que él se mantuviera sólo con la suerte, que no podía ser legítimo que una persona sin ninguna habilidad fuera goleador... así que tenía que neutralizarlo... le juro que en ese momento yo pensaba que cualquier me daría la razón, que me entendería cualquiera que supiera como eran de verdad la cosas...
Así que toda la semana estuve pensando cual era la mejor estrategia, y decidí que lo mejor que podía hacer era intentar quebrarle el tabique... piénselo, era una lesión menor, no iba a estar más de tres semanas con ese temita, no le iba a impedir volver a jugar... era perfecto. Además, era bastante fácil encontrar un momento para llevar a cabo la acción.
Usted imagínese que yo jugando de nueve y él jugando de nueve era difícil cruzarse durante el partido, pero como yo soy bueno cabeceando, y salto alto, siempre bajaba a marcar en los corners contrarios... era perfecto... en cualquier momento voy a cabecear, me pongo cerca, lo marco y cuando salto a buscar la pelota, PUM, codazo certero y a dormir...
Y le digo que yo soy bastante pícaro, sabía moverme como para que pareciera un golpe casual... todo lo tenía planificado, si hasta le digo que practiqué durante toda la semana el salto y el codazo...
La cuestión es que cuando finalmente llegó el día del partido yo tenía una excitación que no me aguantaba en los botines... y empezó el partido y no pasaron ni diez minutos y el muy hijo de puta va y nos clava... yo me quería enterrar abajo del banco de suplentes... nuestro arquero agarra una pelota que no tenía ningún peligro, que venía bombeada al medio del área grande desde la mitad de la cancha, la agarra, y se prepara para mandarla al campo rival, y largó un saque rasante, muy bueno... pero el otro guanaco justo se cruza, incluso de espaldas al arquero, y la pelota le pega en la nuca, le hace una vaselina al guardametas y entra pidiendo permiso por la línea de gol a pesar de la corrida y arrastrón inútil del golero...
Era increíble... ya empecé a desesperarme... para colmo terminó el primer tiempo y ni un solo corner habían tenido ellos... yo estaba a punto de llorar... El segundo tiempo empezó igual, muy trabado en el medio, nosotros mandados al ataque para empatar, y ellos sin lograr un solo tiro de esquina... al final, como al minuto veinticinco me re calenté... bajé un par de metros, fui a pelear una pelota con el ocho de ellos e hice como que iba a trabar con toda la fuerza del mundo, el otro corrió la pata y yo le metí un zapatazo al balón que lo mandé derecho al corner... algo tenía que hacer.
Listo, ya estaba, todos mis compañeros me miraban, no entendían como había podido hacer eso... y allá fui, derecho a nuestro área... tenía nervios como si estuviera por debutar... muy loco todo.
Llegué al área, ya estaban todos a los clásicos empujones, peleando para acomodarse... yo me abstuve de todo, me quedé libre... la vista clavada en mi objetivo, no quería estar marcándolo de una... iba a tomar envión y lo iba a poner como yendo a buscar la pelota... creo que hasta se me caía la baba de la boca... el mundo desapareció, éramos solamente él y yo... pobre, y él no sabía nada...
Viene el centro, increíblemente la pelota caía en nuestra dirección... el boludo este, que no sabía ni como moverse, parecía un zombi adentro del área... totalmente perdido... era la mía... corrí con todas mis fuerzas... como a un metro del monigote ya salté, para tener más fuerza y venir cayendo al momento del golpe... lo tenía medido... ¿y me puede creer que el muy pelotudo viene retrocediendo y se cae solo en la mitad del área?, me parece que se tropezó con el aire, qué se yo... y yo con el envión que venía ya saltando me doy cuenta que lo voy a pasar de largo... así, en el colmo de la desesperación, viendo que ya el codazo no iba a poder ser, quiero darme vuelta en el aire y tirarle una patada al pasar... no sé, algo... le juro que fue una reacción, ni siquiera lo pensé...
Y así fue, ahora estoy acá, caí para el ojete, Usted, Doctor, me dice que es fractura doble expuesta de tibia y peroné, que tengo mínimo ocho meses de recuperación y el otro seguro que va a salir goleador... No, si es al pedo, ¿puede creer el Culo que tiene el hijo de puta?...










