martes, 15 de mayo de 2007

Benito Perdulamio

o el gol más lindo de la historia...


Esto ocurrió allá por el año 1.998... Yo, como siempre, formaba parte de un equipito de fútbol que se arrastraba penosamente por el Torneo Universitario que el ya legendario “Negro” Machado Gomez organizaba.

En aquellos tiempos el certamen se disputaba en el predio de Membrillares... un conjunto de canchas tan lamentables como los equipos que en ellas confluían.

En ese momento el campeonato tenía cinco categorías, así que los fines de semana las canchas rebozaban de frustrados jugadores que despuntaban el vicio del deporte más hermoso del mundo, grupos de niños, hijos de aquellos jugadores, corriendo por todos lados, mujeres en reposeras tomando mate al costado de la cancha, sin que les importaran mucho los destinos deportivos de los equipos participantes, humo aromático del clásico choripanero... en fin, el cuadro que, casi calcado, se repite en todas las canchas en que se desarrolla el fútbol amateur.

En ese conglomerado de seres humanos dispuestos a pasar un rato distendiéndose entre amigos y sacando a pasear a la familia siempre existen los personajes que, casi como estereotipos, forman el cuadro de esa conjunción de personas que, aún sin conocerse, ejerciendo actividades totalmente disímiles, siendo de distintas generaciones, sufriendo o gozando por cosas completamente diferentes, tienen en común la pasión del fútbol.

Mucho podría decirse respecto de los partícipes de ese colorido encuentro, pero, en realidad, hubo un personaje que se lleva todos los premios. Uno que por su carácter y los efectos que su presencia generaba y genera, se transformó, sin duda, en algo más que una figura decorativa.

Me estoy refiriendo a Benito Perdulamio, “el Rengo” Benito.

Benito era un changarín. Un hombre de condición muy humilde. Sobrevivía de trabajos menores, ayudante de albañil, algo de jardinería, y de la buena voluntad de algunas personas. Era uno más en la vida, nada relevante podía decirse de él. Aparte de todo esto, y como ya habrán deducido de su apodo, Benito tenía una pierna más corta que la otra, lo que le provocaba una pronunciada renguera.

Vaya uno a saber la edad que tenía Benito. Hubo quien le dio hasta setenta años, algunos otros decían que no tenía más de cuarenta, pero que las rigurosidades de su vida lo llevaban a aparentar más... sea como fuere, ello no pasó nunca de ser un comentario que se hacía en la cancha y perdía todo interés al salir del predio.

Porque a Benito lo conocíamos por que tenía un solo goce en su opaca vida: El Fútbol.

Benito era fanático del fútbol. Uno sólo puede conjeturar las razones de ese fanatismo, por vivir algo parecido, algo que se lleva adentro, que te hace dejar de lado muchas cosas más importantes por ir a tirar horas en una cancha. Pero Benito era la sublimación de ese sentimiento. Era llevar el amor por el fútbol al máximo y, casi, era hacer que el fútbol fuera lo único que parecía dar un mínimo sentido a una vida que, a todas luces, era la nada.

Todos los fines de semana Benito se clavaba desde las diez de la mañana y hasta pasadas las nueve de la noche en el predio de Membrillares.

Benito aparecía temprano en una desvencijada bicicleta que dejaba tirada al lado del puesto de cervezas o donde se le ocurriera, sin ningún tipo de preocupación por su seguridad. Sabía muy bien que ese destartalado aparato no sería objeto de deseo ni para el más ruin de los ladrones (que en lugares como ese siempre están a la pesca de algún distraído).

Aunque muchos de los equipos clásicos, los que más años llevaban jugando ese torneo, se atribuían la simpatía como hincha de Benito, lo cierto es que el Rengo sólo era fanático del buen fútbol.

Nunca lo ibas a ver haciendo hurras por tal o cual conjunto. Él recorría las canchas buscando equipos que medianamente se dedicaran a jugar.

Andaba por todas las categorías, se sentaba a un costado de las canchas, miraba, aplaudía a los habilidosos y reprendía a los más toscos.

Todo el mundo lo quería a Benito. Imagínense que en un torneo en el que no brillaban los equipos por ser precisamente virtuosos, que el Rengo fuera a ver tu partido era como una caricia para el autoestima.

Durante muchos años el Rengo fue cita infaltable de los fines de semana. Cada uno que llegaba a la cancha lo saludaba, y Benito siempre fue muy cortés, aún cuando de todos los que pasaban y confianzudamente le largaban un “Eh, Rengo, ¿Qué partido vas a ver hoy?”, no conociera ni a la décima parte.

Así fue como Don Benito pasó a ser un ingrediente más para todo el mundo que confluía religiosamente a jugar aquel campeonato.

La gente lo llamaba, le convidaba mates, bizcochos, facturas, le pagaban el choripan al mediodía, lo invitaban a compartir una cerveza... Los fines de semana, mientras estuviera en Membrillares, Benito nunca estaba solo.

Recibía el momentáneo cariño de gente (incluido yo) a la que no le importaba nada del Rengo, sino que lo tenía como una parte más del decorado... nunca nadie le brindó a Benito un pensamiento durante la semana, nadie le preguntó alguna vez si tenía familia, si se sentía bien, si necesitaba algo... todas cuestiones que podían llegar a tener una incómoda consecuencia... a ver si el Rengo salía mangueándonos algo.

Pero, bueno, a nadie puede pedirse demasiado más... por lo menos durante el tiempo que estábamos en la cancha, Benito era tratado con ese tipo de cariño, que, a falta de algo más, para él era mucho mejor que ninguna cosa.

Capaz que por eso Benito aguantó durante tanto tiempo viendo ese fútbol mediocre, con canchas mediocres, y jugadores deslucidos.

En un momento, recuerdo, lo utilizamos al Rengo para empezar una campaña para el mejoramiento del campo de juego. Siempre le andábamos pidiendo a Machado Gomez o al viejo Sacco (El dueño de las canchas), que aunque sea las emparejaran, que en vez de fútbol parecía que estábamos saltando obstáculos por lo accidentadas que se mostraban las canchas. En esa ocasión, le empezamos a pedir al Rengo que antes de cada partido se diera una vueltita por el mediocampo. Y ya estábamos casi todos los equipos de acuerdo, entraba el Rengo y arrancábamos: “¡Eh!, Machado, decile a Sacco que se ponga las pilas, la cancha está llena de pozos, mirá como viene el pobre Benito.” Y todas guasadas por el estilo, aprovechando la cojera de Perdulamio. Todos nos reíamos con esas pavadas, hasta el propio Benito que no tenía problema en burlarse de su impedimento físico por una causa justa.

Eso es todo lo que puedo decir yo o cualquiera de Benito Perdulamio.

Parecía un buen tipo, por lo menos los fines de semana, y, sobre todo, era loco por el fútbol.

Así fue como transcurrió la vida de Benito durante una punta de años... nunca pidió nada, nunca se le escuchó decir algo fuera de lugar, nunca se lo vio borracho a un costado de la cancha... El siempre estaba firme ahí, gozando del fútbol... pasaban equipos, pasaban jugadores, había campeones y descensos... y Benito estaba ahí.

Un par de veces estuvo viéndonos a nosotros. Cuando terminaba el partido nos tomábamos unas cervezas y Benito nos acompañaba. Siempre decía lo mismo: “Ustedes juegan bien... pero les falta un poco más de hambre de gloria... el fútbol es lindo, es lo más lindo... el fútbol es la vida... disfrútenlo...”

Todos los fines de semana iban igual, hasta que un sábado, y sin que nadie supiera finalmente que edad tenía, Benito se murió. Se murió en la cancha, el lugar donde era feliz, eso estuvo bien... No hubo ninguna circunstancia demasiado aciaga en esa muerte, nada demasiado trágico, más allá del propio dejar de existir. Se murió sentado, apoyado contra un manzano, mientras miraba un partido de la D. Pareció ser una muerte tranquila. Más allá de la tristeza de fin de semana (correlativa al ya mentado cariño de idéntico lapso), nadie se quedó demasiado compungido por el hecho. En todo el predio quedó flotando la idea clásica y nunca justificada de que “le había llegado la hora.” Para la mayoría de nosotros fue una anécdota más del Rengo Benito.

Ni siquiera nadie se enteró si hubo un velatorio, en qué cementerio lo enterraron... nada, lo subieron a la ambulancia y se lo llevaron, y nada más... la vieja bicicleta quedó a un costado, olvidada, como lo sería su dueño.

Pasaron un par de meses, todo seguía transcurriendo... como siempre... gira el mundo y gira la pelota... la pelota no se frena y los fines de semana siguieron siendo lo mismo, aunque sin Benito... pero a nadie parecía importarle demasiado.

Hasta que un determinado día a algún aburrido de esos que no faltan nunca, se le ocurrió decir que había visto a alguien rengueando entre el surco de álamos al costado de la cancha. De eso a hacer aparecer el fantasma de Benito no hubo solución de continuidad.

Así el Rengo pasó de ser una presencia visible a ser una presencia espiritual, todos hacían chanzas con el pobre espectro de Benito.

Pero un sábado ocurrió algo que nadie se esperaba y que me hace escribir estas palabras.

Lo recuerdo especialmente por que fui testigo presencial del hecho.

Nosotros, como siempre, nos habíamos quedado después de nuestro partido para ver a algunos de los rivales. Esa vez estábamos en la A, y peleando para ver si clasificábamos con ventaja a los Play Off, así que nos interesaba el partido que seguía a continuación.

Jugaban Lepra contra APR, el 10 de Lepra era un fenómeno jugando. Un tipo con visión de juego y habilidad, realmente destacaba en aquel Campeonato. Daba gusto verlo con la pelota... Bueno, la cuestión es que ese día no jugó a nada. Pero ojo, no digo que tuvo un mal día... no, fue peor, era como si nunca en su vida hubiera jugado al fútbol... no podía parar la pelota, parecía como si se le trabaran las patas cuando empezaba a querer correr... un verdadero desastre. Nosotros mirábamos de afuera entre sorprendidos y risueños... sus compañeros se la pasaron pidiéndole que se dejara de joder. Parecía estar completamente borracho.

Como al minuto 25 del primer tiempo se hartaron de verlo hacer mamarrachadas y lo van a cambiar... cuando piden el cambio, automáticamente el pibe cae redondo en la mitad de la cancha...

Todo el mundo, incluso nosotros, nos pegamos un lindo susto... salimos corriendo hasta el lugar en que había caído el muchacho... pareció ser un desmayo... estaba tirado con los ojos muy abiertos y balbuceaba “El fútbol es lindo... El fútbol es lindo...”

Lo sacaron de la cancha y lo pusieron a la sombra, alguien acercó una botella con agua... cuando se recuperó un poco empezó a preguntar qué había pasado... no se acordaba de nada...

Todo no hubiera sido más que una anécdota si no fuera por que al sábado siguiente le pasó lo mismo al 9 de Turistólogos, y al otro sábado al 7 de Los Pampas.

Ahí todo el mundo empezó a preocuparse... la noticia de esta seguidilla de situaciones sumamente parecidas empezó a correr de boca en boca, con la consecuente maximización de circunstancias.

El resultado estaba cantado... era el espíritu del Rengo Benito que se posesionaba en jugadores destacados por su habilidad.

La idea simpatizó a muchos y asustó a muchos más... pero la raza humana es cruel, y lo que al principio llegaba a plantearse como un caso de indispensable exorcismo, terminó, con el paso de las semanas, convirtiéndose en banalidad y objeto de burlas.

No faltó el cobarde que, teniendo una tarde horrenda dentro de la cancha, unos minutos antes de que termine su partido se tiraba al piso y se hacía pasar por poseído... imagínense que de eso a decir “Eh, te agarró Benito” ante cualquier gol seguro errado o pifia grosera en la defensa, hubo tan sólo un paso.

La puerilidad con que se tomó esta situación hizo que finalmente todo quedara en el olvido.

Yo, realmente, no sé si todo aquello fue verdad o no. No sé si finalmente el fantasma del Rengo Benito se ofendió por las chanzas que se hacían con él o se dio cuenta que no había ni nacido, ni muerto para jugar al fútbol.

Yo quiero creer que todo es rigurosamente cierto. Primero, por que si el fantasma de Benito existió quiere decir que hay algo después de esta vida, y eso ya es un aliciente. Y segundo por que también significa que cada uno puede elegir su propio paraíso... ¿Qué otro lugar mejor para estar después de dejar se existir podía haber para Benito? ¿A alguien se le ocurre que Benito podía preferir otra cosa?

Membrillares y el Torneo Universitario fue el único ámbito en que el Rengo se sentía feliz, en el que podía olvidarse que la vida lo había abofeteado en ambas mejillas, sin hablar de la artera patada que le metió a su pierna derecha.

Estoy seguro que aparecerán ahora los espíritus científicos que van a alegar que todo eso no puede ser cierto, que los fantasmas no existen; o los religiosos que expresarán que en todo caso, y según como se haya portado en la tierra, Benito estará jugando al fútbol en el Eden, o jugando al Volley en el infierno como castigo.

Yo les digo, olvídense... no piensen con lógica ni científica, ni devota.

Permítanme creer que hay algo que puede trascender la existencia, sin demasiados artificios, sin necesidad de justificar por qué lo creo. Déjenme estar seguro que el amor por algo logra vencer a la muerte...

Esta remembranza de Benito Perdulamio es para eso, para pegar el grito, para que todos sepan... EL AMOR ES ETERNO... va más allá de nuestra corta y pueril vida física...

Ahora, cada vez que voy a la cancha, miró a los costados y, tratando de que nadie se de cuenta, hago un guiño como saludando... Si Benito anda por ahí, seguro que me regala una sonrisa mientras me recuerda: “El fútbol es lindo... el fútbol es la vida.”

Si todo esto es cierto, Benito logró la más grande hazaña, más grande que el gol de Diego a los ingleses: en el partido de la vida le metió un gol al ángulo a la muerte...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno... viejita...
¿Para cuando la crónica del viejito que nos va a ver ahora al torneo?
Me refiero por supuesto al gran anciano DON NEGRO SOBARSO...
(Esperemos que no se nos muera un día de estos... Je)

Anónimo dijo...

ES EXCELENTE!!!!!!! SEÑOR NARRADOR, PERO PERMÍTAME HACER 2 COMENTARIOS:

EN EL DICCIONARIO DE NOMBRE DE FANTASMAS, NO EXISTE OTRO QUE NO SEA CASPER?? PORQUE NOS REBAJAMOS A COPIAR (AÚN CUANDO NO HAYA PENSADO HACERLO)LA CULTURA NORTEAMERICANA?????

POR OTRO LADO, UDS ESTÁN SEGUROS DE QUE BENITO NO ENTRO EN EL CUERPO DE DIEGUITO?? INTENTEMOS RECUPERARLO!!!!!!!...


...A BENITO!!!

Anónimo dijo...

Ehhhh... ¿?¿?¿?
Gracias por los comentarios, pero....
¿Me pueden explicar lo de Casper?

Anónimo dijo...

si amigo, la traducción en español del fantasma casper no es benito?? lo recuerdo por los dibujitos.....
igualmente, la narración es excelente!!! cada día mejor!!!!