martes, 19 de junio de 2007

Orden de Prioridades



“Che, ¿Con quién jugamos hoy?”, preguntó Fernando como para meter algún tema interesante de conversación en la tediosa mañana de sábado.

“Me parece que con Deportivo Céspedes”, contestó al pasar Jorge, seguramente pensando que todavía faltaban como cuatro horas para salir.
Los dos trabajaban en la misma oficina.
Los dos eran amigos de siempre.
Los dos jugaban en el mismo equipo, el Tutuca Fútbol Club, eterno perdedor del Torneo de Empleados de Comercio.
Pero este año era distinto, este año venían punteros muy cómodos a ocho puntos del segundo y faltando nada más que cuatro fechas.
“La única cagada es que jugamos en el primer turno, a la una y veinte... no tengo tiempo ni de pasar por mi casa.” Fernando no cejaba en su intención de buscar el modo de espantar la somnolencia insuperable de las ocho y media de la mañana.
“Aja..” fue toda la respuesta de Jorge.
“¿Vos pasás a buscar al Paco?” Arremetió de vuelta Fernando.
“Che, Boludo – se fastidió Jorge – ¿por qué mejor no te preparás unos mates y me dejás de romper los huevos que tengo sueño?”
“¡Uh, viejo!, ponele un poco de onda, ¿No te dás cuenta que estamos a punto de salir campeones...?” Contestó Fernando mientras se encaminaba a buscar agua caliente para el mate.
Recién como a media mañana y luego de unos cuantos amargos los ánimos estaban compenetrados con lo que era importante... el partido de la tarde.
“La verdad, - largó Jorge – estoy un poco cagado... como nunca estuvimos tan cerca de ganar, me da miedo que pase algo imprevisto y se vaya todo al caño.”
“Andá, maricón – contestó Fernando con aire sobrado - ¿Qué carajo puede pasar?”
“Y, no sé, - dudó Jorge - cualquier cosa... imaginate que se lesiona el Flaco Gomez, o que no pueda ir a jugar las últimas fechas...”
“Sí, o que lo rapten los extraterrestres o le agarre la gripe del pollo... – bromeó Fernando - Dejate de Joder... nada puede hacernos perder este campeonato...”
“Bueno, puede ser, pero hay que reconocer que si le llega a pasar algo al Flaco estamos al horno...”
“Y... si” cerró Fernando.
El Flaco Gomez había llegado esa temporada al equipo. Era conocido de un primo del Mono Gutierrez. Y, la verdad, había hecho el torneo él solo. Era un fenómeno jugando, y tenía una condición física increíble.
Era difícil de creer, pero ese solo jugador era tres cuartas partes de la campaña del equipo. El resto estaba casi de relleno, cualquiera jugaba en cualquier posición, con tal de que el Flaco pudiera desplegarse por toda la cancha. Era una especie de mediocampistadelantero, que jugaba y hacía jugar a todos.
El equipo completo era conciente de esto. Todos sabían que sin el Flaco no hubieran salido nunca de la triste mediocridad del fondo de la tabla, que les tenía deparado un lugarcito desde que empezaran a jugar el torneo.
Todos estaban medio enloquecidos... acostumbrados a ir los fines de semana a pasar el rato nomás, ahora que estaban tan cerca de la máxima meta, flotaba en el aire una constante ebullición, una excitación a la que ninguno estaba acostumbrado.
El Flaco Gomez era, para todo el equipo, como una especie de ángel, enviado por obra y gracia de la divinidad para pintarles una sonrisa en el alma.
Ninguno del grupo por esos días pensaba en otra cosa que no fuera el campeonato... ninguno quería imaginarse que podía llegar a ser un sueño... todos estaban a la espera del momento de gloria, tantas veces anhelado y ahora tan cerca. Para ninguno había nada más importante que eso.
A las Once y Media Fernando empezó a moverse incómodo, se paraba, caminaba... parecía nervioso.
“¿Qué te pasa, pavote, te agarraron los nervios del partido, ya?” Le preguntó Jorge.
“No, qué nervios, pajero, los mates de mierda me mataron... ESTOY QUE ME CAGO...” Dijo desesperado Fernando.
“Otra vez con lo mismo, andá al baño y dejate de romper las pelotas.” Le recriminó Jorge.
“Sabés que no puedo... nunca pude cagar en otro lugar que no sea mi casa...” Se excusó Fernando.
“Chabón, ese es un problema grave – dijo Jorge, haciéndose el profesional – Debe tener raíz en algún hecho de tu infancia, deberías hacerte tratar... ¿Vos estás seguro que no te rompieron el culo en algún baño cuando eras chico?”
“Por qué no te vás a la mierda, boludo...” Se enojó Fernando. “Encima ahora estoy hasta las manos, salimos doce y media de acá, yo ya tengo el bolsito en el auto, pero voy a tener que pasar por casa antes de ir a la cancha... bueno, no importa, a no preocuparse, llegaré unos minutitos tarde, nada más... espero solamente que Soledad no me rompa las pelotas cuando llegue a casa.”
La siguiente hora fue una tortura para Fernando. ¿Quién no ha pasado por una situación como esa? Transpiración fría por la espalda, tratar de no pensar, fruncimiento absoluto.
A las doce y media en punto Fernando estaba subiendo al auto, acelerador apretado a fondo, tanto como apretadas otras partes del cuerpo para evitar el desastre.
A la una menos diez llegó al frente de su casa y se bajó con el auto casi en movimiento, corrió a la puerta y prácticamente la tiró abajo... y en el sillón de la sala... ¡El Flaco Gomez arriba de Soledad...!
Soledad, su mujer, la madre de sus hijos... con el Flaco Gomez, en pelotas en el sillón de la casa...
Fernando se quedó seco... seco por dentro y seco por fuera... hasta de la urgencia intestinal se olvidó.
Los segundos eran interminables, Soledad y el Flaco que no atinaban a reaccionar, Fernando los miraba como pensando que era una joda... nadie decía nada...
Fernando los miró, miró la foto del casamiento en la pared, luego miró la foto del Tutuca Fútbol Club en el estante de la biblioteca, su mirada bajó al segundo cajón del modular, en el que guardaba el revolver calibre 32... volvió a mirarlos a los dos.
La cabeza de Fernando era un caos absoluto, de repente se desmoronaba todo lo que en algún momento fue su vida, la persona que le dio una familia, su honor, su hogar, su imagen, su confianza, sus amigos, las palabras de Jorge, todo, todo.
Era una situación tremenda, imprevista, dolorosa... una prueba que la vida le tiraba por el medio de la jeta... Fernando parecía pasmado, como sin reacción, pero en realidad por dentro su mente y su alma iban a mil kilómetros por hora, a ver cual llegaba primero a hacer reaccionar su sistema nervioso.
Como nunca antes se chocaron de frente con la realidad sus valores, sus principios, su fe, sus sueños... y frente a esta colisión había que tomar una decisión... ya...
Y Fernando la tomó, miró a los desesperados amantes, tragó una angustia que parecía una pelota atravesada en la garganta, con seguro destino de úlcera y dijo en un tono mortuorio:
“Dale Flaco, cambiate y vámonos a la cancha que llegamos tarde.”Claro, lo primero es lo primero, no vaya a ser que por cagar matando al Flaco Gomez se le fuera a escapar la única oportunidad de ser campeón...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustó el final, bastante bueno...