miércoles, 28 de noviembre de 2007

El pacto y la muerte...


Por Chinete

Todo era producto de una enfermedad.

Lo único que había amado con todo el corazón, su hija, se iría para siempre.

No fue rabia lo que sintió en el momento en que el doctor le dio la noticia de que nada podían hacer por ella. Un dolor inmenso se apoderó de él, lo único en que pensó fue ¿Qué clase de ser supremo tan inclemente podría hacerle esto a una pequeña e inocente criatura? Maldijo la vida, maldijo a Dios y a todo lo que nos rodea.

No sabía que hacer, y ella estaba ahí internada, inmóvil. Fue así que agarró el auto y salió sin rumbo fijo. Una vez que llegó a un lugar despoblado, paró y bajó para descargarse. Lloró como nunca lloró, maldiciendo a los cuatro vientos; entre la rabia y la desesperación pidió por la presencia del señor de los avernos:

-¡Satanás! ¡¡Belcebú! ¡Lucifer! ¡Aparece y toma mi vida en cambio de la de mi hija, pero sálvala! Por más que recé y oré, Dios nunca me escuchó.

Fue en ese momento en que pronunció el nombre del Ángel Caído, cuando un silencio sepulcral inundó toda la atmósfera y todo parecía que se volvía oscuro. Cuando el silencio se hacía interminable y la incertidumbre lo abrumaba escuchó una voz, una voz firme, pausada y determinante que decía:

-¿Me llamaste?-era un pequeño hombrecito, de aspecto patético, de ropas ridículas y andar chistoso. Regordete y cara de simplón… daba bastante lástima.

-¿Quién eres estúpido?-le dijo pensando que era un paisano del lugar.

-Es a mí a quién has llamado, canjeando la vida de tu hija por tu alma. ¿O ahora que me ves te estás arrepintiendo?

-¡Jajaja! Pero eres un idiota, insecto, o ¿Es en realidad que te crees el mismísimo Satanás? – En realidad creyó que era alguien que al pasar había escuchado todos sus lamentos y había decidido burlarse de él.

-¿Sabes? No me gusta que me llamen así. No sé porque todos son tan imbéciles y me llaman de formas tan estúpidas cuando mi nombre ha sido uno solo, el de la luz más potente, el más bello, el más importante, Lucifer. Eso hasta que mi padre me desterró de los cielos para gobernar aquí, gobernarlos.

-¡Pero mírate, nunca pensé que el diablo fuese tan patético!

-Crees que por tener este aspecto y ser pequeño soy ¡menos que tú!-y largo una carcajada que congelaba los huesos.

-Mírame, soy pequeño y paso inadvertido, y llego sin que me vean ni escuchen y es por eso que a todos sorprendo, o ¿preferías una explosión con mucho humo rojo, fuego y lava saliendo desde el piso? ¡Jajaja! Ahora dime que es lo que quieres si es que tienes los cojones bien puestos.

La duda duró unos segundos… nada podía perder ya:

-Quiero que mi hija se salve. Se lo he implorado tanto a Dios y no he tenido respuesta.

-Tu Dios es un egoísta, la quiere solo para él. ¿Puedes ver toda su supuesta fuerza omnipresente, todopoderosa?...

Una pausa casi teatral precedió a la continuidad de la perorata:

-¿Él es la luz? ¿Él es amor y benevolencia? El que con solo pensar ha creado todo lo que imaginas y podría destruir todo en un abrir y cerrar de ojos ¿No puede salvar una vida, la vida de tu hija? Él nunca la salvará en cambio yo si.-concluyó en un tono paternal y benevolente. -Puedo salvar a tu hija, pero ¿Sabes el precio?

-Si-contestó- ¡mi alma!

-No –dijo el innombrable- tu alma y la de tu hija cuando ella muera.

-No puedo permitir que ella se vaya al infierno-dijo.

Pero Belecbú lo sorprendió al preguntarle:

-Acaso ¿tu conoces el infierno? ¿Crees que es lugar con llamas y sufrimiento, con demonios pinchándole el culo a los pecadores? ¿O crees que el cielo es lugar de verdes praderas con lagos y doncellas correteando por ahí sueltas de ropa?…

Quedó atónito, no supo que responder. Tenía razón… ni él ni nadie conocía ninguno de los dos lugares.

-No seas tonto hijo mío, el infierno es un lugar en el cuál tu eliges lo que quieres ver u oír- le dijo el Demonio como tratando de hacer olvidar sus palabras anteriores.

-Okay- cedió finalmente el desdichado-Trato hecho, tú salvas a mi hija y te daré mi alma y la de ella, pues de último estaremos los dos juntos para la eternidad.

-Además nadie te asegura que cuando sea grande se gane el cielo – remató cínico Lucifer.

-¿Qué debo hacer?

-Debes aceptarme con tu corazón, debes aceptar que yo te lleve y yo debo aceptar llevarte. Pues la única forma de llevarte es a segundos de tu muerte y arrastrarte hasta mi reino.

Y el corazón desesperado de padre, finalmente, aceptó.

Sintió que se dormía, no podía mantenerse en pie, es que ¡Estaba muriendo! Cayó de espalda y sintió que le agarraban del brazo… comenzó a lagrimear sin saber porqué.

-¿Sabías que el oído es el último sentido que pierde una persona cuando está muriendo?-le dijo susurrando al oído, el Señor de las Tinieblas.

Supongo que tenía razón porque lo último que oyó el infeliz fue:

-“Y pensar que aún existen idiotas que creen que el Diablo hace favores”

lunes, 26 de noviembre de 2007

Roberto, el incomprendido

Por Chinete

Cuesta creer que el fútbol sea solo un juego. Cuando un deporte difundido mundialmente se cala hasta los huesos sobre las culturas mas desdichadas, y es en esta forma de vida en la que se dice que los pibes nacen con una pelota de fútbol o en sus primeros movimientos fetales se dice que está pateando y que va a ser futbolista.


Fue así como este relato surgió en un barrio común y silvestre en donde lo único que se hacía en los tiempos libres era jugar un picadito. Y es acá donde aparece nuestro personaje, un morochito retacón y con mucho carisma, adornando los ásperos e interminables partidos de la canchita del baldío del barrio.


Desde muy pequeño su ansiedad por el contacto con el balón era sorprendente, así como también lo hincha pelotas para los pibes más grandes que les molestaba que un borrego de cuatro años quisiera jugar con ellos y que por no dejarlo jugar los cagaran a pedos. Pero esa fue su mejor escuela de fútbol, la que le dio el coraje de aguantar y encarar siempre por más difícil que fuere, y solo le faltaba recibirse en lo más de lo más del fútbol a nivel profesional.


Con tan solo 10 años en su haber ya se vislumbraba un fenomenal futuro y la descosía en cada cancha. Canchas (en las que el verde césped no se podía imaginar jamás así como tampoco un juego de camisetas nuevas de los equipos para cada torneo), del torneo barrial en la categoría dos años mayor que él. Éste heredero de un quiebre de cintura excepcional, porque tenía a su padre y sus tíos tanto paternos como maternos que habían jugado en “Picada 15” el club de la ciudad, empezó a estar en la mira de los dirigentes del club más importante del pueblo. Su progenitor estaba mas que orgulloso por el interés de la institución en la cuál él había defendido esos colores, así como los vecinos del barrio que tenían un crack en el vecindario.


Rechazó año tras año los pedido de incorporación al plantel de Picada porque no le simpatizaba la idea de jugar con pibes mercenarios del “fulbito” y porque el club le había cerrado la puerta a casi todos sus amigos del barrio menos al gordo Cayeta que como arquero era el futuro dueño de los tres palos o el flaco conejín que como defensor central y sobre todo por arriba despejaba lo que se acercara al área y cabeceando en área rival la metía seguido. Con trece años a cuesta y comenzando la escuela a nivel secundario el Tito arma con sus nuevos amigos del normal Nº 2 un equipito de fútbol de salón en donde él era la estrella y el que guiaba a su equipo a lograr triunfos memorables. Los primeros partidos fueron con chicos de primer año en lo que no pudieron hacer mucho ante tanta magia del petiso diestro ni con sus colegas. Porque no era él solo el que ganaba esos partidos como en la canchita del baldío sino que se había rodeado de cinco buenos players. Un arquerito que para hacerle un gol había que pegarle un par de tiros antes, tres defensores polifuncionales que rotaban y cuando salían el delantero y el Tito ellos ocupaban esos puestos sin tantos firuletes pero con tiempo para que se recupera el mago y su ariete de ataque que con pelota dominada a diez metros del arco metía el 95% de sus tiros.


Así fueron pasando los equipos y se iban sumando victorias, liquidaron a todos los equipos del colegio y los desafíos empezaron a llegar de otros colegios, de otros barrios y terminaron ese año con solo una derrota. Esa derrota llegó un día después de que el Tito cumpliera 14 años, después de festejar el cumpleaños del ídolo del barrio, del colegio y del ambiente del fútbol de salón, ya que tremenda emborrachada se habían agarrado con ocho cervezas y acostarse como a las siete de la mañana. Ese partido fue un desastre en el que no solo él, sino que los seis estaban totalmente desconocidos futbolisticamente y terminaron con una diferencia de más de 11 goles en contra.


Su fama de crack se paseo por toda la ciudad e incluso en un partido lo fue a ver el entrenador de Picada, el Gringo Whisquili, y quedó boquiabierto por lo que hacía en espacios reducidos, la manera de aguantar y proteger la pelota, la forma que recibía y hacía que su compañero de ataque finiquitara esa obra de arte en gol. Es ahí donde el club vuelve a instigar para contar con los servicios del pibe maravilla. Fue tanta la presión que un día cedió y fue a la práctica al predio de “Picada 15” Llegó a las 13:50 al club, que quedaba como a ocho cuadras de su casa con sus amigo de fútbol 5 que tuvieron que quedarse afuera del predio. Al llegar el Gringo lo presentó con los demás muchachos que lo miraban de reojo y casi con desprecio por un pendejo que ni medias de fútbol como la gente tenía puestas ni botines, porque solo hacía fútbol de salón.


Y a partir de ese momento fue que tuvo que correr por 45 minutos para su fastidio, ejercicios con conitos, etc. Casi una hora y media después empezaron un picadito. Empezaron a jugar y se quedó afuera y el Gringo empezó a explicarle como quería que su equipo jugara.


Terminó el primer tiempo de veinte minutos e iba a entrar y antes de comenzar el D.T. le dice:

-¡Jugá como sabés!

Y fue así que empezó a apilar y desparramar jugadores rivales a 30 metros del área hasta que vino el 5 y lo levantó como sorete en pala. Foul y primer retada del Gringo:
-¡Tocasela al 9 que él hace el gol y dejate de boludear con esos firuletes!

Tiro libre que agarra el 2 y le pegó un soberbio derechazo que revienta el travesaño y el rebote sale para la media luna del área y el Tito la bajó si tuviese un guante en la derecha, se mete en el área dejando a tres defensores enroscados entre sí y cuando le sale el arquero se la toca al 9 que la para y su remate se va afuera.

-¡Y éste va a hacer los goles!-le preguntó el Tito recaliente al Gringo.

-¡Dale, seguí así que lo estás haciendo bien!

-Si estuviera el Moncho era gol seguro-dijo en voz baja acordándose de su yunta en la delantera de fútbol de salón.

Siguió mostrando y derrochando calidad en este si verde césped pero siempre que limpiaba a mas de dos lo bajaban con falta y sobretodo el 5. Y en la que le infló los huevos fue en una apilada de derecha a izquierda y cuando iba a chutear apareció desde atrás el 5 le metió terrible topetón en la espalda y no cobraron foul, y el Gringo empezó a gritarle que se levante y que corra a defender. Hervía de calentura y se dijo a si mismo que no volvía más. Esa jugada terminó en gol y fue una tremenda cagada a pedos la que se llevó por parte del técnico. Sacan del medio, se la dan en casi tres cuartos de la cancha y empieza a apilar jugadores, asi como el Diego contra los ingleses y cuando llega al área frente a frente con el arquero en ese momento de dejar a todo el equipo rival en vergüenza y plasmar el mejor gol visto en ese predio, patea a tan solo siete metros del arco y la pelota se va como a casi cinco metros del parante horizontal pasando largamente el alambrado del predio. Y en ese momento terminó la práctica y el Gringo recaliente lo increpó y le dijo que así no iba a jugar en el club.

-Ma si, si vos me fuiste a buscar aparte con esta manga de perros no me gusta jugar-le respondió sin tapujos, se dio media vuelta y se fue.

Breve fue su estadía en el club al cuál no iba a volver porque le apasionaba más ganar y perder con sus amigos que con estos giles comandado por un cagón que prefería maratonistas y no ilusionistas del jogo bonito.

Corto pero productivo fue su paso en Picada 15 pero le bastó para pintarle la cara a los mercenarios del fútbol y para poder estrenar nuevo balón arrebatado a los borregos del Gringo.