Por Chinete
CAPITULO 1º
No parecía que era una semana para nada especial, es más, se veía venir otra monótona y rutinaria semana de trabajo. Lo que implicaba que al finalizar ésta, llegaría el gran premio: el partido del sábado.
No parecía que era una semana para nada especial, es más, se veía venir otra monótona y rutinaria semana de trabajo. Lo que implicaba que al finalizar ésta, llegaría el gran premio: el partido del sábado.
Sin embargo había tenido sueños extraños, no podía definirlos como pesadillas, pero lo estaban abrumando.
Se trataba de un sueño recurrente: estar jugando como defensor, su puesto natural por casi toda su vida, y ser una muralla frustrando una y otra vez los ataques del rival. Dirigir ataques desde el fondo del campo de juego y de repente… una pelota dividida con un delantero que tenía mala reputación y ¡zas! En la vorágine de movimientos de cámaras, puntos de vistas y sonidos ahuecados que van en descenso, una sola imagen, la del brazo derecho amputado. El muñón ensangrentado y el resto en el césped todavía moviéndose.
Despertar azorado, sudor frío corriendo por las sienes, no entender que era eso ni saber el significado de lo soñado ese martes a la madrugada.
Lo comentó con un par de amigos y esto le traía mala espina, creyó que era una advertencia del destino.
El sábado por la mañana estuvo esperando a que sea la hora del juego sin estar asustado pero si intrigado por lo que le quería decirle su inconciente. Lógicamente arrancó con todo el ritual que hacía sábado tras sábado que debía jugar. Levantarse media hora antes de lo que se levantaba los días de la semana y dejar preparado el bolso con todos los enseres futbolísticos. Llegar al mediodía y lo primero a hacer es enrollar las vendas y después ir al baño y soltar el lastre. Siempre en ese estricto orden.
El sábado por la mañana estuvo esperando a que sea la hora del juego sin estar asustado pero si intrigado por lo que le quería decirle su inconciente. Lógicamente arrancó con todo el ritual que hacía sábado tras sábado que debía jugar. Levantarse media hora antes de lo que se levantaba los días de la semana y dejar preparado el bolso con todos los enseres futbolísticos. Llegar al mediodía y lo primero a hacer es enrollar las vendas y después ir al baño y soltar el lastre. Siempre en ese estricto orden.
A la hora del partido todo parecía normal, algunas bromas de sus compañeros, charla de equipo planeando la estrategia del juego. Y a jugar. El encuentro se desarrollaba tal cuál lo soñado, era el partido soñado, jugando fenomenalmente. Yendo al ataque, robando pelotas a los rivales y dirigiendo al equipo desde el fondo de su campo. Y llega el momento de ir a disputar la pelota con el delantero tal cuál lo había visto en sus sueños. No sacó la pata y siguió hasta el fin de la jugada, creyó que nunca podría pasar lo que había soñado, imposible. Al terminar la jugada lo único malo fue que perdió contra el atacante y el final de esa jugada fue gol. Creo que le dolió más que tener un muñón.
Después de haber ganado 3 a 1, se retiro hacia su casa sobreentendiendo que el significado de la mutilación era un error y gol en su arco.
Al llegar a su morada y al descender del auto siente un pequeño y leve mareo. Todo empieza a girarle y un gran dolor en su brazo. Pierde el conocimiento.
Al reincorporarse, todo oscuro, todo manchado con sangre, mugroso y hediondo, olores fétidos y rancios. Un paraje infernal. Dolor en su extremidad derecha. Mirar y ver que le falta una parte. Reaccionar que todo fue un sueño, todo; desde arrancar con la latosa rutina, el soñar cosas feas, jugar al fútbol e incluso ganar soberbiamente el encuentro. Todo eso era un sueño, un deseo, algo irreal.
Todo fue un sueño… ésta era su realidad y en esos minutos que estuvo desvanecido tras el gran dolor producido por la amputación, solo era un deseo tan vehemente que casi parecía concreto. Minutos perdidos para ausentarse de esa cruel realidad y de quién seccionó su brazo, el jefe de esos repugnantes seres monstruosos.
Dicen que cuando uno está por morir ve pasar su vida ante sus ojos… él había visto la vida que hubiera deseado tener…
Era así que el final estaba cada vez más cerca…
Era así que el final estaba cada vez más cerca…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario