Como no podía ser de otra manera...
Van dos cortos de Chinete...
El final del segundo es antológico...
2 segundos
By Chinete
“No son nada” diría cualquier persona común en lugar común haciendo algo común. Ese tiempo en una definición acrobática o una extirpación monumental, alcanzan y sobran.
“Todo pasó tan rápido” se suele decir. “Parecía una eternidad” dicen otros. Como combinar estas dos percepciones distintas del tiempo. Siempre.
Minuto 26 del complemento, Stephan Mbidi del Aigle Royal de Camerún, tras recibir la asistencia de Tomas Belloumi realiza una emotiva tijera para derivar el balón al ángulo superior derecho del arquero. Pocas veces se ven movimientos tan técnicos en el aire. Tuvo todo el tiempo del mundo parece, pero no fue así, solo 2 segundos desde que impacta la pelota y grita: “¡Goool!
Dos segundos fue el tiempo que tardó en llegar, según el perito forense, el proyectil disparado desde una 9 mm. tras los desmanes, después de ese gol que condenó al descenso al equipo rival.
By Chinete
“No son nada” diría cualquier persona común en lugar común haciendo algo común. Ese tiempo en una definición acrobática o una extirpación monumental, alcanzan y sobran.
“Todo pasó tan rápido” se suele decir. “Parecía una eternidad” dicen otros. Como combinar estas dos percepciones distintas del tiempo. Siempre.
Minuto 26 del complemento, Stephan Mbidi del Aigle Royal de Camerún, tras recibir la asistencia de Tomas Belloumi realiza una emotiva tijera para derivar el balón al ángulo superior derecho del arquero. Pocas veces se ven movimientos tan técnicos en el aire. Tuvo todo el tiempo del mundo parece, pero no fue así, solo 2 segundos desde que impacta la pelota y grita: “¡Goool!
Dos segundos fue el tiempo que tardó en llegar, según el perito forense, el proyectil disparado desde una 9 mm. tras los desmanes, después de ese gol que condenó al descenso al equipo rival.

3G (y no es I phone)
By Chinete
Ganar, gustar y golear. El Santo Grial del fútbol. Que no aparece ni a gancho en el manual de Bilardo, Bianchi o Llop. Cachín era eso. Un 3G pero que jugaba de 6. Karma heredado tras generaciones y generaciones de pataduras y murreros, el recibió el don, el don de esquivar lo que se le cruzara cuando tenía la pelota en sus pies.
Era un jugador que sobresalía como el score en contra. Ese era su momento, casi como un superhéroe mostraba su otra personalidad, agarraba la lanza y encaraba hasta el otro área y se la tocaba al compañero que llegaba solo para hacer el gol. Todos le decían que jugara de mediocampista pero él miraba a su padre y veía que su corazón colapsaría si respondía que si. “Fue solo suerte y rabia contenida que tenía” y el papá de Cachín se quedaba mas contento que perro con 2 colas.
Eso si, el lechero del barrio seguía siendo el veterano que mejor jugaba en el pueblo…
2 comentarios:
No entiendo... ¿El lechero era el director técnico del equipo?
Me parece que el lechero en tu barrio era repelotudo!!!
Publicar un comentario