
Daniel se había obsesionado.
Estuvo mirando una serie estilo documental científico que se llamaba El Universo.
La cuestión es que le bombardearon tantos datos que quedó obnubilado con lo sorprendente de la conformación de nuestro cosmos. Parecía que recién había tomado conciencia de la infinitesimal nada que somos en comparación con el resto del todo.
Andaba de acá para allá molestando a los amigos con comparaciones que, al principio, eran ilustrativas y sorprendentes, pero luego pasaron a ser molestas e innecesarias.
Que importaba, para el gil cualunque que componía de modo íntegro su grupo de amigos que el planeta tierra fuera menos que un granito de arena en el concierto de las galaxias, o que dentro de cinco millones de años el sol fuera a convertirse en una supernova que se tragaría hasta Marte y quemaría todo lo que hubiera (si es que dejábamos algo) sobre la faz de la Tierra. Que podía importarle eso a alguien que tenía que romperse el lomo laburando para comer todos los días durante míseros setenta y cinco años (con suerte).
Un sábado, cualquier sábado, estaba todo el grupo al costado de la cancha, tomando unas cervezas luego de haber terminado un partido por la liga amateur 300 FOR EVER.
Habían ganado, así que cada uno hablaba a los gritos, dando su opinión sobre el encuentro, alabándose a sí mismo, palmeando los aciertos de los compañeros, aplaudiendo la unión del grupo, en síntesis, borrachos con la felicidad de la victoria.
Pero Daniel no. Daniel estaba taciturno, como ausente del momento.
El Negro lo miró medio extrañado y le llamó la atención.
- Eh, pescado, que te pasa, ¿no estás contento?
- Si – Dijo Daniel, no muy convencido – buenísimo el partido… pero me quedé pensando… - e hizo una pausa.
- ¿En qué? – le exigió el Negro, a pesar de los gestos desesperados de Ariel (que había escuchado al pasar la conversación) para que no instara la continuidad de la charla.
- En que un equipo de fútbol es como un sistema planetario – espetó Daniel como si fuera algo que tuviera continuidad respecto del contexto de algarabía de sus amigos.
- ¿Qué? – le gritó el Negro - ¿De qué carajo hablás boludo? ¿Ya estás en pedo?
- No, en serio – dijo Daniel, y para esto todos ya se habían dado vuelta pensando que el Negro se había calentado y se estaba por vivir alguna escena de telenovela futbolística – Un equipo de fútbol es como un sistema planetario.
Dejame que te explique. ¿Viste que los planetas giran alrededor de una estrella todos siguiendo un orden armónico? Bueno esa es la idea de un equipo de fútbol.
Un buen sistema planetario está compuesto de la danza armónica y la conjugación de distintos cuerpos que cumplen un determinado rol para que el conjunto no se vaya al carajo.
El equipo de fútbol, si lo pensás, es lo mismo. Un sistema compuesto de la conjugación de distintos jugadores que cumplen un determinado rol para que el conjunto sea lo más armónico posible.
- Bueno – admitió el Negro – tan mal no está la idea… pero un poco tomada de los pelos….
- No, no – siguió Daniel – pensalo un poquito más. Los planetas, por ejemplo de nuestro sistema, giran alrededor de un objeto común a todos, que es el Sol, o sea todos, aunque sean muy diferentes entre sí, tienen algo que los une.
En nuestro caso, a pesar de ser completamente distintos entre nosotros, tenemos un objetivo común que es EL CAMPEONATO, que vendría a ser nuestro Sol. Entonces todos tratamos de girar lo más armónicamente posible alrededor de ese objetivo común.
Mirá, ¿no pasa que cuando todos jugamos un buen partido decimos que es como QUE SE ALINEARON LOS PLANETAS?, es justamente eso lo que te digo.
Más aún… ¿Sabés por qué los planetas giran alrededor del Sol? – y ahí se dio vuelta mirando al resto de sus compañeros, que lo escuchaban medio incrédulos, para hacerlos partícipes a todos de la pregunta.
El Negro, por supuesto, no tenía ni idea. Pero Wilhem estaba ahí para ilustrar al resto:
- Es por la fuerza de gravedad – dijo con cara de autosuficiencia.
- ¡Muy bien! – le reconoció Daniel – en nuestro caso la fuerza de gravedad está dada por las ganas irreprimibles que tenemos todos de ser campeones al lado de nuestros amigos.
Los planetas interactúan entre sí.
Cualquier cosa extraña puede ocurrir y romper la alineación cósmica y generar una catástrofe o algo lindo.
En nuestro equipo es algo parecido.
Acuerdensé cuando vino a jugar Brunito para nosotros… bueno, todos sabíamos que iba a durar poco, pero era espectacular ver al equipo con él adentro… Eso es como el cometa Halley, todos saben que pasa muy raramente, cada 76 años, pero el cielo y el sistema se ve más lindo con ese fenómeno. Así estamos nosotros en el equipo, esperando que llegue algún fenómeno que haga más lindo el sistema de juego.
O si no, fíjense esa vez que se agarraron a piñas Ariel y el Chino, casi nos separamos todos. Eso vendría a ser como cuando un meteoro chocó a la tierra y le evaporó los dinosaurios. Casi se va todo al carajo.
Tengan en cuenta que el sistema solar tiene hasta un eterno suplente: PLUTON, que está ahí al vuelo, dando vueltas alrededor del objetivo, pero esperando que alguien le diga finalmente: “Bueno, dale que entrás”
Más claro todavía, el sistema solar tiene un gigante gaseoso: JUPITER, y nosotros lo tenemos a Richi… que es más o menos lo mismo…
Todos se rieron de esta última comparación escatológica, sabida era la fama de Richi y sus gases.
Ya distendidos Diego le reclamó al sabiondo Daniel:
- Y, según tu teoría… ¿Qué carajo es la Luna?
- Ah… - dijo Daniel – esa también la pensé… la Luna y los satélites de los planetas son como los hijos de los jugadores, que andan dando vueltas alrededor de cada uno, rompiendo las pelotas y distrayendo…
- Bueno, carnaza – terció Guillermo – todo muy lindo, metafórico y poético, pero vos decís que el objetivo de salir campeones es como el Sol de nuestro sistema… y si mal no recuerdo el otro día machacabas con que finalmente el destino de la tierra era quedar chamuscada por el Sol… ahí no cierra nada…
- No, - se le iluminó el rostro a Daniel – ahí es donde, justamente, cierra todo. Todos nosotros giramos alrededor de un objetivo, intentando que todo funcione lo más perfecto posible, jugamos con y contra las fuerzas de la naturaleza, nos esforzamos por encajar en el sistema sabiendo que el premio de todo eso es terminar abrazados por las llamas de la gloria que significa ser campeón.
Estuvo mirando una serie estilo documental científico que se llamaba El Universo.
La cuestión es que le bombardearon tantos datos que quedó obnubilado con lo sorprendente de la conformación de nuestro cosmos. Parecía que recién había tomado conciencia de la infinitesimal nada que somos en comparación con el resto del todo.
Andaba de acá para allá molestando a los amigos con comparaciones que, al principio, eran ilustrativas y sorprendentes, pero luego pasaron a ser molestas e innecesarias.
Que importaba, para el gil cualunque que componía de modo íntegro su grupo de amigos que el planeta tierra fuera menos que un granito de arena en el concierto de las galaxias, o que dentro de cinco millones de años el sol fuera a convertirse en una supernova que se tragaría hasta Marte y quemaría todo lo que hubiera (si es que dejábamos algo) sobre la faz de la Tierra. Que podía importarle eso a alguien que tenía que romperse el lomo laburando para comer todos los días durante míseros setenta y cinco años (con suerte).
Un sábado, cualquier sábado, estaba todo el grupo al costado de la cancha, tomando unas cervezas luego de haber terminado un partido por la liga amateur 300 FOR EVER.
Habían ganado, así que cada uno hablaba a los gritos, dando su opinión sobre el encuentro, alabándose a sí mismo, palmeando los aciertos de los compañeros, aplaudiendo la unión del grupo, en síntesis, borrachos con la felicidad de la victoria.
Pero Daniel no. Daniel estaba taciturno, como ausente del momento.
El Negro lo miró medio extrañado y le llamó la atención.
- Eh, pescado, que te pasa, ¿no estás contento?
- Si – Dijo Daniel, no muy convencido – buenísimo el partido… pero me quedé pensando… - e hizo una pausa.
- ¿En qué? – le exigió el Negro, a pesar de los gestos desesperados de Ariel (que había escuchado al pasar la conversación) para que no instara la continuidad de la charla.
- En que un equipo de fútbol es como un sistema planetario – espetó Daniel como si fuera algo que tuviera continuidad respecto del contexto de algarabía de sus amigos.
- ¿Qué? – le gritó el Negro - ¿De qué carajo hablás boludo? ¿Ya estás en pedo?
- No, en serio – dijo Daniel, y para esto todos ya se habían dado vuelta pensando que el Negro se había calentado y se estaba por vivir alguna escena de telenovela futbolística – Un equipo de fútbol es como un sistema planetario.
Dejame que te explique. ¿Viste que los planetas giran alrededor de una estrella todos siguiendo un orden armónico? Bueno esa es la idea de un equipo de fútbol.
Un buen sistema planetario está compuesto de la danza armónica y la conjugación de distintos cuerpos que cumplen un determinado rol para que el conjunto no se vaya al carajo.
El equipo de fútbol, si lo pensás, es lo mismo. Un sistema compuesto de la conjugación de distintos jugadores que cumplen un determinado rol para que el conjunto sea lo más armónico posible.
- Bueno – admitió el Negro – tan mal no está la idea… pero un poco tomada de los pelos….
- No, no – siguió Daniel – pensalo un poquito más. Los planetas, por ejemplo de nuestro sistema, giran alrededor de un objeto común a todos, que es el Sol, o sea todos, aunque sean muy diferentes entre sí, tienen algo que los une.
En nuestro caso, a pesar de ser completamente distintos entre nosotros, tenemos un objetivo común que es EL CAMPEONATO, que vendría a ser nuestro Sol. Entonces todos tratamos de girar lo más armónicamente posible alrededor de ese objetivo común.
Mirá, ¿no pasa que cuando todos jugamos un buen partido decimos que es como QUE SE ALINEARON LOS PLANETAS?, es justamente eso lo que te digo.
Más aún… ¿Sabés por qué los planetas giran alrededor del Sol? – y ahí se dio vuelta mirando al resto de sus compañeros, que lo escuchaban medio incrédulos, para hacerlos partícipes a todos de la pregunta.
El Negro, por supuesto, no tenía ni idea. Pero Wilhem estaba ahí para ilustrar al resto:
- Es por la fuerza de gravedad – dijo con cara de autosuficiencia.
- ¡Muy bien! – le reconoció Daniel – en nuestro caso la fuerza de gravedad está dada por las ganas irreprimibles que tenemos todos de ser campeones al lado de nuestros amigos.
Los planetas interactúan entre sí.
Cualquier cosa extraña puede ocurrir y romper la alineación cósmica y generar una catástrofe o algo lindo.
En nuestro equipo es algo parecido.
Acuerdensé cuando vino a jugar Brunito para nosotros… bueno, todos sabíamos que iba a durar poco, pero era espectacular ver al equipo con él adentro… Eso es como el cometa Halley, todos saben que pasa muy raramente, cada 76 años, pero el cielo y el sistema se ve más lindo con ese fenómeno. Así estamos nosotros en el equipo, esperando que llegue algún fenómeno que haga más lindo el sistema de juego.
O si no, fíjense esa vez que se agarraron a piñas Ariel y el Chino, casi nos separamos todos. Eso vendría a ser como cuando un meteoro chocó a la tierra y le evaporó los dinosaurios. Casi se va todo al carajo.
Tengan en cuenta que el sistema solar tiene hasta un eterno suplente: PLUTON, que está ahí al vuelo, dando vueltas alrededor del objetivo, pero esperando que alguien le diga finalmente: “Bueno, dale que entrás”
Más claro todavía, el sistema solar tiene un gigante gaseoso: JUPITER, y nosotros lo tenemos a Richi… que es más o menos lo mismo…
Todos se rieron de esta última comparación escatológica, sabida era la fama de Richi y sus gases.
Ya distendidos Diego le reclamó al sabiondo Daniel:
- Y, según tu teoría… ¿Qué carajo es la Luna?
- Ah… - dijo Daniel – esa también la pensé… la Luna y los satélites de los planetas son como los hijos de los jugadores, que andan dando vueltas alrededor de cada uno, rompiendo las pelotas y distrayendo…
- Bueno, carnaza – terció Guillermo – todo muy lindo, metafórico y poético, pero vos decís que el objetivo de salir campeones es como el Sol de nuestro sistema… y si mal no recuerdo el otro día machacabas con que finalmente el destino de la tierra era quedar chamuscada por el Sol… ahí no cierra nada…
- No, - se le iluminó el rostro a Daniel – ahí es donde, justamente, cierra todo. Todos nosotros giramos alrededor de un objetivo, intentando que todo funcione lo más perfecto posible, jugamos con y contra las fuerzas de la naturaleza, nos esforzamos por encajar en el sistema sabiendo que el premio de todo eso es terminar abrazados por las llamas de la gloria que significa ser campeón.