lunes, 8 de julio de 2013

Vista Lateral.

Las consecuencias de la falta de cuidado ocular...



A mi amigo el Casi Tuerto.

Cuando se nos acabó la cuerda o las posibilidades de jugar en un nivel federado (que nunca fueron demasiadas, vamos a ser sinceros), decidimos con mi grupo de amigos descansar en las apacibles exigencias del Torneo de Futbol “Don Pedro”.
Grandulones, imán de lesiones, futbolistas frustrados, un conjunto de características que nos unieron para derrapar penosamente con otros equipos en casi las mismas condiciones.
Padeciendo para juntar los once sábado a sábado, un día llegó al equipo “El Tuerto” ManSini, amigo del primo de un amigo de alguno de los que jugábamos.
“El Tuerto” era tuerto de verdad. El ojo derecho era una bola blanca que parecía sin vida.
… Y ahí arrancó la historia.
Acostumbrados a la adrenalina del fondo, siempre sufriendo para no descender, con la llegada del “Tuerto” las cosas empezaron a cambiar.
Su aspecto de Metedor de Pata, al estilo del Toro Acuña que supo brillar en el Rojo de Avellaneda, sus pocos pelos largos hasta los hombros con pronunciados oasis de cuero cabelludo en la cabeza, su panza acusadora gracias a las remeras ajustadas que teníamos, no nos haría nunca suponer su capacidad para el fútbol.
Era un enganche nato. Si bien no tenía velocidad, ni un gran manejo del balón, ni una pegada soberbia, ni nada que lo hiciera parecer haber jugado al fútbol alguna vez, pelota que agarraba iba en una cortada segura hacia un compañero.
Pero eso no sería lo trascendente.
El punto destacado era que “El Tuerto” no parecía nunca estar mirando al compañero que recibiría el pase.
“La Tanqueta” Solís y El “Aguilucho” Martinez, nuestros delanteros, se acostumbraron a apostarse bien sobre los costados y correr en diagonal cada vez que “El Tuerto” ManSini tenía el balón en sus pies.
Se cansaron de hacer goles así.
Los defensores rivales (casi tan panzones y lentos como “El Tuerto”), llevaban sus cuerpos con acoplado hacia el lugar al que todo hacía suponer que iba a dirigirse el pase, para encontrarse con que “El Tuerto”, indefectiblemente, mandaba la pelota para el otro lado.
En ese camino y con muy poquito más, nos encontramos en el pelotón de arriba del campeonato. No con demasiadas esperanzas de salir campeones, pero aliviados de no tener que pelear el descenso. Para nuestras nulas habilidades deportivas eso era mucho de lo que enorgullecerse.
Todos teníamos en claro que “El Tuerto” había sido el único responsable de esto.
Una noche de asado, en la que ya todos habíamos tomado alguna copa de más, Guillermo Posaderas, nuestro dudoso zaguero central, empezó a cargarlo al “Tuerto”.
Más por pudor que por falta de curiosidad, nadie le  había preguntado nunca cómo había perdido el ojo, ni había hecho referencia al tema.
Pero Guille (pasado de Bordolino Tinto Carlón), perdió su freno pudoroso.
-       Che, “Tuerto” – se mandó sin aviso previo - ¿Cómo carajo hacés para hacer los pases sin mirar? Mirá que eso es difícil con los dos ojos, pero con uno… la mierda…
Silencio generalizado al lado de la parrilla, en parte por lo inesperado de la salida, y en parte porque todos nos hacíamos la misma pregunta.
-       Además, no te ofendas, pero cuando te movés parece que te vas a llevar la pelota por delante en cualquier momento… tenés la misma capacidad de sincronización que “El Fanta” Moscheli – risas contenidas por la referencia al más torpe de los jugadores del equipo.
Envalentonado por el vino y por la expectación que generó, Guille le metió para adelante.
-       ¿Cómo llegaste a hacerte “El Tuerto” ManSini?
El silencio se hizo palpable.
“El Tuerto” miró a la parrilla y luego de unos segundos callado, dijo:
-       Ahora “el Palote” Ollos acaba de meter las manos en los bolsillos de la campera…
Todos, menos “El Tuerto” ManSini, giramos a ver a “Palote”, que estaba al otro lado del tablón.
Al principio no entendimos nada.
-       Ahora sacó la mano derecha, y se la pasó por la cara – siguió describiendo “El Tuerto”.
Todo esto lo decía sin, al parecer, estar mirando al Palote.
-       ¡¡UUHHH!! - Tiró “el Caramelo” Yil – Pará, ManSini, no te des vuelta… adiviná cuantos dedos te muestra el Palote.
Palote elevó dos dedos de la mano derecha.
-       Dos – Dijo “El Tuerto”.
Palote sacó dos de la mano derecha y tres de la izquierda.
-       Cinco – acertó “El Tuerto”.
Todos nos quedamos pasmados.
-       No sean boludos – Dijo ManSini – No soy adivino.  Lo que pasa es que en realidad no soy tuerto… este ojo – se señaló el ojo chusco – es producto de un accidente en culopatín… cuando corría en la Liga Huinculense de Descenso por Barda…
Me choqué de frente contra el culo de uno de los referís y me quedó así… pero no es que perdí el ojo, sino que se me fue para el costado… y ahora tengo como un súper poder: LA VISTA LATERAL… puedo apuntar la cabeza para un lado y estar viendo perfectamente para el otro…
Eso explicaba un montón de cosas.
El tema quedó ahí, como una buena anécdota… y el tiempo pasó.
Los rivales empezaron a captar nota del juego del “Tuerto” y le tomaron el tiempo… en términos futboleros, ya no cagaba a nadie…
Volvimos al fondo de la tabla, que nos esperaba con los brazos abiertos.
Hasta que un día llegó al equipo “La Garza” Liniers.
¡Eso era un jugador! Estampa esbelta, peinado y facha a lo Cristiano Ronaldo, carrilero con ida y vuelta… lo que se dice, completito.
Con “La Garza” el equipo retomó un camino de ascenso. Pero el pobre “Tuerto”, que supo ser héroe unas fechas antes, quedó relegado al grupo general de los que dábamos lástima sábado a sábado.
En eso andábamos cuando, un sábado como todos, “La Garza” estaba a punto de rematar al arco, con un destino casi seguro de gol, cuando “El Tuerto”, torpe como nunca, se cruzó delante del balón, sin que pueda explicarse muy bien la razón.
La mala suerte (y la tosquedad del “Tuerto”) quiso que la pelota le pegara en su ojo con Vista Lateral…
“El Tuerto” cayó redondo en la cancha. Todos nos asustamos y corrimos a ver que le pasaba.
Luego de unos segundos “El Tuerto” reaccionó, llegó la ambulancia y se lo llevó. Como éramos once justos nadie fue a acompañarlo.
Cuando volvimos a verlo tenía el ojo vendado y nos contó que capaz que, ahora sí, lo perdía definitivamente.
A las dos semanas le dieron el alta y volvió a las canchas. Lo único que nos dijo fue “Perdí la Vista Lateral”… nadie quiso incomodarlo preguntándole más.
Un poco por lástima, un poco porque estábamos justos y otro poco por reconocimiento a su fugaz gloria, lo pusieron de titular.
Ese día nos tocó en “Cancha Lisa” un predio que había sabido ver nuestros mejores partidos. Ese partido “La Garza” hizo un desparramo de novela, la rompió… y “El Tuerto”… bueno, “El Tuerto” parecía estar todavía bajo los efectos de las drogas que le habían metido las dos semanas anteriores.
Un sonámbulo en la cancha, eso parecía. Hasta que de repente le llegó una pelota hacia el centro del área grande rival, como nunca había hecho, la paró perfecta, y sin siquiera moverse, le metió un tacazo que la clavó justo al lado del palo derecho.
Todos quedamos estupefactos, había sido un golazo… ¡y el día que “El Tuerto” regresaba a las canchas!
Corrimos a abrazarlo como si fuera el gol del campeonato.
Cuando terminó el partido, y entre la joda generalizada que regala la victoria, “El Momia” Onoria le tiró al Tuerto:
-       Qué golazo, cabeza… y sin siquiera mirar… impresionante.
El boludo del Momia tenía menos delicadeza que un intento de rabona del Quique Hrabina, ni se percató que ManSini acababa de perder el ojo.
Otra vez, silencio generalizado.
ManSini se paró, muy serio y dijo:
-       En realidad no es tan así… digamos que no fue, exactamente, que “perdí” el ojo…
Todos nos quedamos tiesos.
-       La verdad es que – continuó “El Tuerto” – como la otra vez, el golpe de “La Garza” me cambió el ojo de foco…
Nadie sabía a esta altura en qué iba a terminar el relato.
-       Lo que pasó… – dijo dubitativo ManSini -  es que, con el pelotazo, el ojo… bueno…. el ojo  se me acomodó en… - El Tuerto estaba nervioso- , bueno… se me acomodó en el agujero del culo…
No sabíamos si estaba jodiendo o no, por las dudas nadie emitió sonido.

-       Es algo raro, – siguió “El Tuerto” – y en realidad no molesta demasiado… el único problema es la cantidad de guita que tengo que gastar en colirio cada vez que voy a cagar…